EPISODIOS MÁGICOS (PARTE II)Lo que les voy a contar parece una historia sencilla de amor y desamor, pero resultó ser una compleja situación, una bisagra en mi vida que fue resuelta por un fósforo y un cigarro. Intentaré hacer que la entiendan desde su contexto más vivencial.

Se trata de los años más glamorosos de mi vida, cuando era redactor creativo en una importante empresa de eventos, editorial, diseño y publicidad llamada Diseñadores Asociados. Además de mis labores meramente profesionales participaba de todo el sinfín de actividades que esta empresa desarrollaba con su revista estrella llamada Cocina y Vinos del Gourmand, una publicación gastronómica bastante elegante y que además tenía anualmente un gran evento, la Expogourmand, que se realizaba en Casapiedra con los mejores chefs de Chile además de las principales viñas y restaurantes del país.
Dentro de mis compañeros de trabajo había una chica que estaba muy entusiasmada con migo, era muy coqueta cuando nos veíamos. En ese momento no me incomodó su actitud, al contrario, estimuló un poco mi debilitado amor propio, pero nada más. En esos tiempos yo ya pololeaba con Tulipa. El problema empezó cuando esta compañera se propuso conquistarme de una manera muy agresiva, me llamaba al anexo a cada rato y era bastante directa con lo que ella quería, no se andaba con cosas suaves. Pareciera que ella había detectado que mi relación con Tulipa no andaba muy bien y arremetió con toda su personalidad y su seguridad haciéndome sentir como un pollo desplumado. La verdad, debo reconocer que ella logró angustiarme profundamente. No quería hacerle daño a Tulipa, no quería tampoco cambiarla por esta nueva mujer, no me proyectaba con ella pero tenía curiosidad por probar. Me sentía muy a la deriva, inseguro y me di cuenta de que necesitaba estar solo, pero no como pretexto para comenzar una nueva relación, sino para estar SOLO de verdad y tomar nuevamente las riendas de mi vida. Así lo hice, le conté todo a Tulipa (drama aparte) y comencé a buscarme. Nos dimos un mes de incomunicación obligada, luego veríamos que es lo que pasaría.
Ese mes fue el más largo de mi vida y creo que ahí fue cuando comencé a contactarme con la naturaleza y el entorno de manera más directa. Curiosos signos fueron apareciendo sistemáticamente cada vez que yo pedía ayuda a viva voz. Recuerdo cuando estaba por cumplirse el mes de incomunicación, estábamos en pleno evento Expogourmand y me tocó trabajar codo a codo todos los días con esta mujer astuta y sensual. Un placer y un martirio. Finalmente todo se resolvió en un diálogo mágico. Salí a fumar al estacionamiento cuando la jornada estaba terminando (en esa época todavía fumaba, y de los fuertes) siento que ella sale detrás de mí, se acerca y me dice, se ha cumplido un mes desde que quisiste estar sólo, necesito saber ahora que has decidido… Plop! Aún no sabía qué responder, o quizás sí, pero no me salió palabra, pedí ayuda, necesitaba un signo una señal (yo y mis hueás místicas). La miré, saqué un cigarro, era el último del paquete, sonrío, saco un fósforo y (mira que signo hermoso) era también el último de la caja. Estaba todo claro, se acabó. Si ella quería una respuesta ahí mismo, esa respuesta era “fin”.
Hoy recuerdo con cariño ese cigarro que terminé fumando sólo en los estacionamientos de Casapiedra con una angustia que se disolvía en el aire como las bocanadas de humo, recuerdo mi sonrisa esa noche y sonrío ahora. Ese cigarro no sólo marcó el fin de esa angustia, sino que me decidió a tomar las riendas completas de mi vida, así fue como duré poco tiempo más en la publicidad y recomencé en la música y la poesía, también me dejó de encandilar ese glamour y esa gente, digamos que aproveché ese momento para dar un paso real. Pienso ahora en Tulipa y en nuestra relación, en como cambió desde ese reencuentro y cómo construimos lo que vendría después humilde pero consecuentemente.
Ahora pienso también en el signo. Si hacemos una partición semiótica sencilla encontraremos el significante por un lado, (último cigarro, último fósforo) y el significado por el otro, (el fin). Pero en realidad ese significado pudo haber sido cualquiera, como el fin de un período y el comienzo de otro, idea que me habría llevado a la solución opuesta, terminar definitivamente con Tulipa y comenzar una nueva relación. Pero por algo no fue así, quizás en el fondo ya sabía que responder y ya tenía resuelta mi incertidumbre antes de encender el cigarro, pero necesitaba un impulso, una señal, un signo mágico.
Giuseppe Tanino