ZAPALLOS

Pasar por esta ventana de almacén fue algo que me tomó por sorpresa, debo confesar que al ver estos zapallos ralenté el paso (que ya llevaba muy apurado, atrasado) pero seguí de largo, con la mirada puesta en mi objetivo primordial y lejano, la micro que se me iba. En mi cabeza persistían los colores de esos zapallos, sus formas voluptuosas y exhibidas así tan generosamente en la vieja verdulería de calle Chacabuco. De pronto me detuve, recordé una conversación con Palomé acerca de cómo camina la gente, mirando solo hacia adelante y de cómo nos vinculamos al entorno. Me devolví casi una cuadra y llegué nuevamente a esta ventana azapallada, me asomé hacia adentro y pensé en mis recetas favoritas, las sopaipillas pasadas y la crema de zapallo que me enseñó a hacer Alberto Oropeza (no el chef, ese es Alfredo). Pensé en qué otra cosa se podría hacer con ellos, cazuela, un queque, Ñam! y en eso se me acerca una voz al oído y me susurra, ¡esculturas!
Maravilloso!!
Escultura en zapallo.
Maravilloso!!
Escultura en zapallo.
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Giuseppe Tanino
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dedicado también a la Conejisha