ME VOY, Y QUE JUÉ!

Después de nueve años de trabajar haciendo clases de música en el mismo colegio y de dirigir su orquesta, he decidido renunciar. Y es gracioso, todo el mundo cree que es por la poca plata que me pagan, pero no es así (no es sólo eso), mis motivaciones son más íntimas y han encontrado la incomprensión hasta en mi gente más cercana. Hasta ahora no tengo ofertas de trabajo, sólo mantendré las clases que hago en la universidad, en la carrera de cine, un mundo que no dejaría por nada.
Mi deseo de cambiar de rumbo apareció hace algunos años, cuando me di cuenta de que estaba cediendo ante un sistema vicioso, que por un lado me adormece con la comodidad de un cheque a fin de mes; me impide ser el profesor que realmente quiero ser (si no le gusta se va, ergo, me voy); Me hace sentir parte de un sistema educativo en el que no creo, forjado en base a la invención de temores, prejuicios, competitividad, materialismo y odios; me hunde en un ambiente laboral lleno de superficialidades, abusos y falta de amor. Claro, me dirán, eso ocurre en todas partes... de acuerdo, no soy tan ingenuo, pero en unas partes ocurre más que en otras y yo estoy quizás en el peor lugar, en donde los alumnos y sus apoderados son llamados clientes y a ellos les gusta hacer valer su condición. Quizás si he sido ingenuo en tratar de cambiar lo incambiable.
Además soy compositor, esa es mi profesión, mi pasión, oficio que no ha tenido el espacio que merece en mi vida. Ahora espero comenzar con fortaleza un nuevo camino, estudiar un postgrado que ya tengo medio visto y comenzar a hacer lo mío de una vez por todas. La plata es otro tema (no es menor), pero confío, todo saldrá bien.
Esta semana hablé con mi jefe, le conté que el próximo año no sigo, ya todos en el colegio lo saben, es como un secreto a voces y aunque saben también que no tengo otro trabajo por ahora, que soy un perfecto cesante, me miran con envidia.
Soy libre.
Giuseppe Tanino