DOS LECTURAS
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Por estos días acabo de terminar un libro, Memorial del Convento, de José Saramago. Creo que cada vez que uno termina un libro de este calibre el alma queda como una esponja hinchada, llena de ideas, imágenes, afectos, perfumes y sentimientos indescifrables. Cuesta comenzar otra lectura en forma inmediata, es necesario esperar, como ya he mencionado en mi post anterior.
Una amiga bloguera me ha pedido que le recomiende un libro y para mí esa no es una petición ni una pregunta, es una invitación a abrir un vinito, encender el fuego y parar el reloj. Dadas las condiciones sólo voy a mencionarle brevemente aquellos que me he leído dos o más veces. Creo que cuando uno lee algo por segunda vez es porque ha descubierto una “tela” literaria (recuerden que “textil” tiene la misma raíz que “texto”). Al descubrir esta “tela” uno se puede detener en costuras, estampados, nervaduras y en las distintas capas, no sólo en el diseño lineal y completo de la obra. Este disfrute se lo concedo a los libros que mencionaré en este post.
Si lo he formateado como si fuera un jueguito del 8 es sólo por que me agradaría que más blogueros lo hicieran, (no se preocupen, no obligaré a nadie) es que uno se aburre de conocer los libros a través de los comentarios de los editores, lo mejor es saber de ellos a través de lectores cercanos.
L) Comenzaré por “Q” de Luther Blissett, por lejos el libro más entretenido que me he leído en mi vida. Es la historia de un anarquista en el período de la reforma y de su enemigo, “Q” un soplón del vaticano. El comienzo es un poco complicado porque no está ordenado cronológicamente, pero en el capítulo II ya se hace más fluido . Leerlo dos veces es poco.
E) “Las Flores del Mal”, de Charles Baudelaire… Uf! qué decir de estas páginas oscuras… Mejor dejar que el mismo Baudelaire se anuncie con este Epígrafe Para un Libro Condenado:
“Lector apacible y bucólico, sobrio e inocente hombre de bien, arroja este libro saturniano, orgiástico y melancólico. Si no has estudiado tu retórica con Satán, el astuto decano, ¡arrójalo! No comprenderás nada de él, o me creerás histérico. Pero si, sin dejarte hechizar, tu pupila sabe sumergirse en los abismos, léeme, para aprender a amarme; alma curiosa que sufres y andas en busca de tu paraíso ¡compadéceme! Sino, ¡yo te maldigo!”
C) “La Vida, Instrucciones de Uso”, de Georges Perec. Un gran ladrillo de 700 páginas de pura descripción. Es cierto! nada más que la descripción de un viejo edificio y de sus moradores, un verdadero mosaico de personajes y microcosmos. De este modo, como por artificio, una hebra de relaciones va enlazando los objetos y las vidas en este gran ser vivo, un edificio como un panal de celdas.
T) “Las Lenguas de Diamante”, Juana de Ibarbourou. Sus primeros poemas tienen el erotismo que más amo, un lenguaje bastante desinhibido para aquellos años. Estoy preparando varios post para que conozcan bien a Juanita de Ibarbourou. Yo me enamoré de ella.
U) “Crónicas del Forastero” y “Para un Pueblo Fantasma”. En realidad cualquier libro de Jorge Teillier tiene algún poema que me gusta. Su poesía huele a pan y pavimento, a sábado en la feria. Más que yo, es el bloguero Jorgermán quien debería hablarles de Teillier.
R) “Las Ciudades Invisibles” de Italo Calvino. Son los relatos con que Marco Polo drogaba al gran Khan de Mongolia. Con un pie puesto en el surrealismo Calvino me dejó con unas cuantas preguntas acerca de la mentira.
A) “A Partir de Manhattan” de Enrique Lihn. Un pequeño libro en donde cada palabra pesa una tonelada y cada página abofetea el rostro con mano helada, como debe ser.
S) “Baudolino” de Umbreto Eco. Definitivamente el libro más dulce escrito por el semiólogo Eco. Una novela histórica bastante fácil de leer (para los que ya conocen a Eco) y con un personaje que me respondió todas las preguntas que me dejó Calvino en torno a la mentira.
Hubiera podido seguir, pero todo el mundo conoce a Cortazar, Saramago y a Tom Waits así que lo dejamos hasta aquí no más.
Giuseppe Tanino